martes, 22 de marzo de 2016

TERRORISMO YIHADISTA. HEMOS CREADO UN MONSTRUO

¿Cuál es nuestra parte de culpa? 

 


                     Por Jim Watson (http://www.news.navy.mil/view_single.asp?id=1465) [Public domain], undefined





La responsabilidad de occidente en el nacimiento y auge del terrorismo internacional es algo que nuestros políticos no van a reconocer, ya no solo porque Bin Laden, precursor del terrorismo islámico moderno, fuera agente de la C.I.A, sino porque la cultura occidental y su capitalismo criminal es la otra cara de una misma y terrorífica moneda, ya que la existencia de ese horror es utilizado para justificar la estructura del orden establecido, a la vez que sirve para cercenar derechos y libertades individuales y colectivas con la excusa de velar por nuestra seguridad.
¿Hay alguien a estas alturas que dude de la capacidad de los ejércitos occidentales para llevar a cabo con éxito una invasión terrestre del llamado estado islámico?
Quizás la existencia de este horripilante país convenga a quienes pretenden hincar el diente a sus reservas petrolíferas como ya ha ocurrido en el pasado. Las grandes multinacionales mandan en el panorama geopolítico y son quienes esperan pacientemente el momento de dar la orden a los gobiernos occidentales de asegurar sus intereses en la zona.
La situación en Palestina y las atrocidades que sufren sus habitantes a diario, la complicidad anglosajona con el estado terrorista de Israel, las intervenciones militares injustificadas como la de Irak y sus inexistentes armas de destrucción masiva, la terquedad de Aznar que trajo como consecuencia la pérdida de 200 vidas en Madrid y unas cuantas conferencias en E.E.U.U que facturó el citado expresidente, la instauración de gobiernos a conveniencia y por parte de occidente, las toneladas de armas made in U.S.A caídas del cielo en paracaídas en el bando rebelde sirio, la soberbia de Sarkozy para con Gadafi, la división de las fronteras en oriente medio hecha con escuadra y cartabón por las potencias occidentales sin tener en cuenta diferencias étnico-culturales o religiosas, el reciente pacto de la vergüenza que condena a la deportación a seres humanos privados de esperanza y demás acontecimientos de dudosa moralidad, tal vez tengan algo que ver con la actual situación.
No se puede justificar un atentado terrorista al igual que no se puede justificar la xenofobia, pero si se pueden entender las causas y los efectos que nos han traído hasta aquí.





Conclusión







Es verdad que no nos gustan las ablaciones, las lapidaciones, los empalamientos ni las inmolaciones, pero cuanto más injusta se vuelve nuestra sociedad con otras civilizaciones, más se radicalizan nuestros enemigos, hasta el punto de sacrificar su vida como kamikazes modernos dispuestos a arrancar vidas occidentales tan inocentes como las de sus hijos muertos. Nuestros gobernantes, los grandes capitalistas, los presidentes de las corporaciones no han perdido la vida hoy en Bruselas, hoy hemos muerto los de siempre.


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