lunes, 5 de junio de 2017

EL ZOO DEL MUNDO MODERNO




En junio del 2013, Snowden hizo públicos, a través de los periódicos The Guardian y The Washinton Post, documentos clasificados como alto secreto sobre varios programas de la NSA, incluyendo los programas de  vigilancia masiva PRISM y XKeyscore



Aún recuerdo con añoranza aquellos tiempos en los que sentía la ilusoria libertad y esa impunidad que daba el anonimato a los habitantes de una gran ciudad. Tiempos en los que se podía ser incorrecto, provocador, irreverente o ilegal, tiempos en los que uno podía encontrarse dulcemente incomunicado cuando no había una cabina cerca donde llamar y la era analógica nos obligaba a ser personas más resueltas e independientes que en la actualidad. Creo que la última vez que experimente un grado de libertad así fue en el Madrid de los 80 en plena movida madrileña, una maravillosa época de destape donde los mayores se libraban de la castración psicológica que les produjo el haber vivido el régimen franquista, y los jóvenes se dejaban arrastrar por las corrientes culturales que fluían a través del océano musical tan prolífico de aquella década. Demasiada droga en las calles, mucho alcohol en los conciertos, bastante sexo en los parques y muy poca tela en las faldas.



 



 Para ser sincero tendría que decir que en 1984, por ejemplo, los españoles gozábamos de unos niveles de libertad que probablemente no volvamos a alcanzar en mucho tiempo. Si es verdad que en las comisarías se maltrataba a los detenidos con frecuencia, que algunos profesores todavía daban capones en clase y que el putrefacto aroma del nacionalcatolicismo podía percibirse aún en las iglesias y en algún partido político (fundado por franquistas y compuesto por los herederos del régimen), pero a pesar de todo ello nos sentíamos más libres que ahora con la ley mordaza.




 

 LA MOVIDA REPRESENTABA TODO AQUELLO QUE EL FRANQUISMO OPRIMÍA





 Y ENTONCES LLEGÓ LA ERA DIGITAL




Embriagados de libertad vimos como la tecnología nos hacia la vida cada vez más fácil, como las bandas magnéticas y los chips de las tarjetas simplificaban muchas tareas y como las cámaras de vigilancia con fines disuasorios (o eso nos dijeron) proliferaban en las fachadas. Más tarde vinieron los móviles, los Smartphone e internet. Nos dotaron de tantos medios de comunicación que ya no necesitábamos ir a tal sitio donde tal vez encontraríamos a esa persona que solía estar allí, bastaba con llamar o enviar un SMS, no era necesaria ya la incertidumbre aventurera que produce el no saber seguro si veré a ese alguien que busco, ya no era necesaria la sorpresa ni la emoción, ni las "ganas de verte" de los enamorados (que se ven por la videollamada del WhatsApp).

 

Ahora cualquiera con un teléfono puede grabarnos o fotografiarnos sin ser observado si lo hace con la suficiente discreción. Videos comprometidos para algunos inundan las redes para disfrute de otros y cámaras cada vez más pequeñas y fáciles de ocultar acechan como fantasmas chivatos a veces por seguridad, y otras veces para servir a oscuros intereses particulares.






 

 

 

  LA COMODIDAD QUE APORTA EL PROGRESO NOS ROBA INTIMIDAD

 


No son solo los hackers quienes amenazan con entrar en nuestro espacio personal ya que los principales observadores son los gobiernos y multinacionales, para mantener el Statu Quo del agonizante sistema capitalista los primeros, amparados en la excusa que supone la lucha contra el terrorismo que ellos mismos han provocado y para ganar dinero con nuestros datos los segundos.

 

Hoy en día un móvil revela nuestra posición con extrema precisión, nuestras conversaciones pueden ser escuchadas o recuperadas porque al igual que nuestra actividad en la red, lo que decimos por teléfono puede quedar registrado para siempre sin que nos demos cuenta de ello, ya que la cotidianidad de nuestros usos tecnológicos hacen que nos olvidemos de que estamos siendo inmortalizados en esa inmensa constelación de las comunicaciones personales. Pasar delante de un cajero, comprar con tarjeta, pasar un semáforo con cámara o pasear por el centro, todo ello deja rastro y constancia de nuestras actividades.

 

El lado bueno de todo esto sabemos cuál es, pero el lado malo es fácil de olvidar ya que no se aprecia tan directamente.

 

Entonces: ¿Prefieres sentirte seguro? si es que puedes, ¿O prefieres la incierta libertad? Para más información pregunta a un tal Edward Snowden



 

 

 Instantánea del mapa de recopilación global de información de datos. El esquema de color va desde el verde (menor vigilancia) a través del amarillo y naranja hasta el rojo (mayor vigilancia).




 Estamos siendo controlados constantemente,  ahora bien, ¿Saber que estamos vigilados hará que nos portemos mejor?, y si es así ¿Mejor para quién?